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Al realizar un recorrido por el pabellón, se hace visible una absoluta falta de remodelación que amarra fuerzas en las salas de clase, en donde el techo pide a gritos ser restaurado y las paredes quebradas exigen reparación.
La radio, se supone, debe ser un lugar apto para el desarrollo del aprendizaje del siglo XXI, no de la década pasada como lo demuestra en su escaza infraestructura.
La sala de TV, que no es más que un aula común, se ha vuelto un fantasma para los estudiantes: siempre escuchamos de ella, pero nunca la vemos. Hasta la hora, aún no ingresamos a realizar prácticas frente a cámaras. Quizá sea por el simple hecho de no contar con un set adaptado al entorno educativo.
Las múltiples necesidades se amplían con la desfasada malla curricular. Nos guiamos por un modelo antiguo de épocas pasadas. En la mayor parte de su contenido excluye a las materias prácticas, las cuales se consideran mucho más útiles para la futura labor periodística.
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Se torna necesaria una urgente regeneración, tanto en materia edilicia, como educativa. Las autoridades deben obrar conjuntamente por el bienestar educativo, organizando seminarios y talleres prácticos, ya que cuatro años no son suficientes para aprender a tomar las armas propias de la carrera. Nosotros quizá ya no seremos beneficiarios, pero rogamos que cuando volvamos a pisar el recinto como profesores o superiores, seamos partícipes de grandes logros que favorezcan al estudiantado.
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